Crear peligrosamente

Uno de los autores de los que más he hablado en este blog y que más me ha influido ideológicamente es Albert Camus. Hace años, antes de considerar como absurda la expresión, hubiera afirmado sin dudar que era mi filósofo de cabecera y su solución al problema de la existencia, que considero positivamente como cabezonería pura, sigue resonando con las ideas que tengo hoy en día. Sin Camus no existiría ninguna de las entradas de este blog (literalmente es el 50% del tema de la primera entrada que subí, hace 7 años), así que podéis echarle la culpa a él, que como se dio de frente contra un árbol a más kilómetros por hora de las que recomiendan los médicos, pues no le va a molestar.

Albert Camus
Siempre he pensado en que en esta foto Camus se estaba comiendo un trozo de fuet

El caso es que entre unas cosas y otras, llevaba años sin leer ningún texto suyo (nuevo, porque releí El Extranjero hace no mucho y La Peste en la pandemia) y hoy, en un rato, he leído Crear Peligrosamente (en inglés, porque la encontré así originalmente).

El texto, que es en realidad una conferencia puesta en papel, habla de la idea de arte y, especialmente, de la idea de artista. Para Camus, el arte durante toda la historia y hasta poco después de la Revolución Francesa ignoraba a la gran mayoría de la población. Era algo hecho para las élites (y financiado por ellas) y el rol del resto de las personas era, en todo caso, disfrutarlo y sorprenderse con ello. Los últimos doscientos años (150 en la época en que se escribió y 250 ahora) esa mayoría de la población ha dejado de ignorarse, no por gusto de artistas y/o mecenas, si no porque se ha hecho el sujeto político principal. Con esa transformación de la masa, el arte se ha hecho popular en su sentido literal y (junto con el abaratamiento de la técnica y la expansión de la alfabetización) ha llevado a que su origen cambie radicalmente y se democratice. Ahora cualquiera puede hacer arte y cualquiera puede ser artista, pero también cualquiera puede enfrentarse a las consecuencias de hacer arte.

Lata de Merda D'Artista
En estos tiempos, subir imágenes libres de derechos a wikipedia es hacer más arte que lo que quiera que esté haciendo Pérez-Reverte con sus libros

El miedo al castigo hace que la mayoría de los que producen obras tradicionalmente consideradas artísticas (cuadros, novelas, películas, música) se ajusten a unos cánones concretos, unas formas y unos temas considerados aceptables. No se innova, apenas se prueban los límites, se repite lo mismo una y otra vez con pequeñas variaciones para que parezca algo distinto. La sociedad no está ya férreamente controlada por élites que ordenan y proveen para cumplir sus órdenes, cada ciudadano es un sujeto propio con su propia voz y la capacidad de hacer mucho más que antes, pero los creadores de “obras de arte” no se atreven a enfrentarse a las ideas heredadas de épocas, personas y formas de organización social concretas. El arte, si quiere ser tal, debe abandonar las ideas de la mayoría y servir para dar voz a quienes no la tienen, debe enfrentarse a la sociedad en su conjunto, aunque con ello se enfrente también a las posibles consecuencias (sociales, personales, económicas e incluso físicas). Ser artista es necesariamente algo peligroso porque el trabajo del artista es la crítica más feroz y despiadada.

Foto de frente de un pingüino que intenta morder la cámara
¿Es quizá el arte joderte de frío? (fotografía no necesariamente relacionada)

El acto de crear arte es, siguiendo esta idea, un acto completa y absolutamente político. Para hacer una obra de arte es necesario decidir por qué hacerlo y cómo hacerlo y incluyendo decidir, conscientemente, el límite al que se está dispuesto a llegar para hacerlo. No decidir, en este contexto, simplemente no es posible, porque dedicar el tiempo y el esfuerzo a producir una obra apolítica es aceptar tácitamente que el estado de las cosas te parece suficiente o que tienes demasiado miedo como para aportar públicamente tus ideas para cambiarlo. Decidir no exponerse es también decidir, aunque pueda no parecerlo y ninguna obra que no decida romper alguna barrera va a tener más valor que el de la repetición.

Crear peligrosamente es la única forma de crear algo nuevo, porque todo lo nuevo corre el riesgo de molestar a alguien, pero también es la única forma de darle un valor a las obras que vaya más allá del mero valor técnico y estético del que discuten los académicos que no tienen nada mejor que hacer. Y si, es posible crear una obra de arte peligrosa, novedosa, completamente política y crítica con la sociedad y que a la vez sea una mierda incomprensible y pedante. El resultado no es más que una de las facetas de una obra. El proceso de crearla, las ideas necesarias para que llegue a su forma final, las transformaciones que otros puedan hacer después, las relaciones que se forman entre quienes conocen la técnica y quienes la aprenden, el valor de la obra para el espectador, la evolución en el tiempo y todo lo demás que se te pueda ocurrir respecto a una obra de arte tiene también valor. Y si no, que se lo pregunten al fontanero de Duchamp.

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