Leer novelas reseca el cerebro

Creo que ya hace tiempo que pasamos el punto del mensaje de que leer es algo bueno aunque se lea cualquier cosa. Como muchas otras actividades, leer es una actividad completamente humana que depende para su resultado final de los humanos que hacen cada parte y en la que el lector solo hace una de ellas (o varias, si tienes en cuenta que la mayor parte de la gente elige deliberadamente qué cosas lee). Leer, como actividad e independientemente de lo que se lea, parece tener ventajas neurológicas, pero las ventajas neurológicas no son lo único que se consigue de leer, que en el fondo no es más que un proceso que sirve para adoptar información. Donald Trump, antes de convertirse en el soldado más importante del anticapitalismo, escribió un libro sobre cómo convertirse en un empresario rico y exitoso (aunque se guardó el secreto de recibir dinero de la KGB) y ahora hay un floreciente mercado de libros de autoayuda escritos por personas de los que no se puede decir más que odian a los humanos y están intentando que la vida de la mayor cantidad de ellos sea completamente miserable.

Cuando no se tiene tiempo para todo, toca elegir qué cosas hacemos y qué cosas no hacemos, como cualquiera que tenga una lista de lecturas pendientes que solo crece sabe. Y cuando lo que eliges es cómo invertir una parte de tu esfuerzo y tiempo a la que no te sientes obligado, de la que no depende el que puedas seguir comiendo y que se diferencia de esa otra parte precisamente por ello, es normal elegir aquello que conocemos y que más o menos sabemos que nos puede gustar. Lo normal entre los lectores que leen por ocio es leer novelas, precisamente porque son la mayoría de obras que se escriben para leer por ocio, son las más sencillas de acceder, las que normalmente menos esfuerzo requieren por parte del lector y en las que más se centra el mercado (probablemente porque hay más gente dispuesta a pagar 25€ por algo que tiene 700 páginas y así es más fácil justificar precios que den más margen para las editoriales). Esto crea un círculo vicioso que convierte a los novelistas en los escritores más famosos, por lo que hay más interés en lo que escriben, por lo que escriben novelas para aprovechar esas ventas, etc. ¿Quién podría nombrar hoy más poetas o dramaturgos en activo que novelistas?

Tablilla de arcilla con inscripciones en cuneiforme (supuestamente parte de la epopeya de Gilgamesh)
Se supone que esto es parte de la epopeya de Gilgamesh (La única constante en la historia de la literatura es que ser gay te da superpoderes)

Y, sin embargo, de los escritores históricos, ¿quién podría nombrar más novelistas que poetas o incluso dramaturgos? ¿Por qué la historia de la literatura se centra tanto en ramas que en la actualidad están básicamente desaparecidas? Pensando bien, podríamos decir que quienes se dedican a estudiar estas cosas han conseguido que el gran público por fin acepte obras de gran calidad pese a su formato y pensando mal, podemos decir que cuando se publica a un muerto cuyas obras están en el dominio público es más seguro hacer ediciones de pequeño formato y relativamente baratas o justificar ediciones más caras de obras de culto precisamente porque ya no tienes que pagarle al autor. La teoría en la que me voy a centrar es la primera, que si no luego me acusan de anticapitalista y además creo que es la que tiene más sentido en este caso, no porque el capitalismo no fuera a aprovecharse de lo que no fuera novela, si no porque se pueden aprovechar igualmente de las novelas. Bueno, en realidad, tampoco me voy a centrar en la primera.

La calidad literaria es una cosa subjetiva y entiendo que eso se extiende también al formato. Hay gente a la que simplemente no le gusta leer poesía o teatro o ensayo o yo que sé, joder, yo mismo odio leer poesía en verso largo porque siento que pierde todo el ritmo que podría tener si estuviera escrito en versos de persona normal. Creedme que si puedo entender que la gente piense que El Señor de los Anillos es un buen libro, puedo entender cualquier opinión literaria que cualquiera pueda tener, pero, como progenitor literario autonombrado, lo que no soy capaz de entender es que se rechace directamente por principio algo que no se ha probado. Y me pasa con el pimiento y me pasa con la poesía.

Shin-Chan regando una planta de pimientos con expresión de asco
¿Era Shin-Chan idiota?

Entiendo que de primeras es algo que puede resultar un poco intimidante. El formato es distinto a lo que consideramos una narrativa normal y requiere un esfuerzo al que no estamos acostumbrados, pero lo cierto es que esa es toda la dificultad. La diferencia entre leer novela y leer poesía, teatro, ensayo, cómic o cualquier otra cosa no es más que de costumbre. Las habilidades necesarias para ello se consiguen en cuanto se consigue aprender a leer. No hay nada más que haga falta para acercarse a un poema, a una obra de teatro, a un cómic o a un álbum que para acercarse a una novela, porque al ser una actividad completamente humana, la técnica es necesaria, pero todo lo demás es contingente (y la técnica es literalmente ser capaz de leer y entender lo leído a un nivel básico).

No quiero hacer comparaciones absurdas, porque al contrario que con comer pimiento, se puede vivir perfectamente sin leer nada que no sean las novelas que anuncian por la radio, pero que se pueda vivir perfectamente no significa que no haya la posibilidad de hacerlo mejor. Creo que leer solo novelas te reseca el cerebro, no porque leer novelas sea algo negativo, si no porque te estás negando a descubrir cosas diferentes. Cuando la única forma de escribir que conoces consiste en larguísimas y minuciosas descripciones de escenarios seguidos de un diálogo más o menos ingenioso, es normal que pienses que esa es la forma en la que se cuentan las historias. Sin embargo, y esto se puede probar con unos pocos ejercicios mentales, la grandísima mayoría de detalles en la grandísima mayoría de historias son completamente arbitrarios y podrían modificarse sin perder ni un poco del sentido original.

Portada de la versión Manga de El Capital
Este es, de hecho, el único formato en el que las ideas de Marx pueden conquistar el mundo

Umberto Eco, además de por escribir una novela en la que se habla de órdenes religiosas de la alta edad media y convertirla en una de las mejores novelas de la historia, es famoso por ayudar a crear y popularizar el concepto de la muerte del autor, que no es otra cosa que la idea evidente pero entonces no formulada de que quien lee hace un esfuerzo para leer y al hacer ese esfuerzo introduce cosas de su propia cosecha en el resultado final de la lectura. Quien escribe no sabe quién lo va a leer y no sabe qué va a introducir de su cosecha en la historia. Puede que de ahí venga ese interés por describirlo absolutamente todo, no lo sé. Lo que si sé, es que tanto desde el lado del lector y desde el lado del autor dejar cosas a la imaginación mejora la experiencia. Supongo que a donde quiero llegar con todo esto es a que una vez que descubres que un loro puede gritar Viva España, que se puede construir una frase con decenas de interpretaciones con solo ocho sílabas, que se puede contar una historia compleja cuatro viñetas a la vez o que se puede hacer que la reproducción del cangrejo autrohúngaro se convierta en una cosa apasionante eligiendo un marco correctamente, te acaba sabiendo a poco las historias que simplemente se cuentan como todas las otras historias.

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