Watchmen, desde que lo leí hace la tira de años, es el principal responsable de mi obsesión con todo lo que Alan Moore guionice para imprimirse en viñetas. También es un cómic del que mucha gente se dedica a hablar para demostrar lo maduros y listos que son, especialmente comparándolo con su adaptación al cine de 2009 (que no es tan mala como le gusta decir a la gente que piensa que le caerían bien a Alan Moore). Y, por supuesto, es un cómic que se ha utilizado durante décadas para hacer sesudos análisis de personajes y estructuras narrativas, porque hablar de una obra tan fundamental en el medio siempre da más prestigio que hablar de yo que sé, el Batman Nº9 de la segunda edición del tercer reinicio del universo DC en el que Batman por fin enseña los batcalzoncillos de follar los martes (los cómics de superhéroes son un error social y representan una cristalización muy concreta del sistema capitalista).

El caso es que hay dos personajes que destacan mucho por encima de los demás en cuanto a análisis sesudos: el Dr. Manhattan y sus movidas del continuo espacio-tiempo y Rorschach y sus movidas del impacto metaliterario (que es el término que me imagino que usan los sesudos para hablar de lo que una obra implica para sus lectores más allá de la simple calidad formal). Como probablemente hayas podido deducir por el título de la entrada, el segundo me interesa más para el tema que quiero hablar.
Hay una opinión generalizada en los círculos sesudos de izquierda/al menos no ultraderecha de que Rorschach es una fantasía de poder masculina filofascista y que si es tu personaje favorito es que no has entendido la obra. Yo comparto la primera parte, aunque no creo que sea una idea tan innovadora ni metaliteraria como quieren hacer creer los que la defienden porque hay al menos dos escenas en el cómic en el que se llama nazi abiertamente a Rorschach, incluyendo una en la que él mismo se lo llama (medio irónicamente, es cierto), pero también me parece que la segunda parte se queda extremadamente corta. Quedarse en que Rorschach es un fascista que ve el mundo en términos absolutos (otra cosa que él mismo afirma en la obra) es el equivalente a quedarse con la idea de que Alan Moore es simplemente un guionista de cómics: técnicamente cierto, pero solo porque no se quiere profundizar más.

Rorschach es un fascista, sí, pero ese no es el rasgo realmente importante de su personaje, porque lo que de verdad importa es que sea un fanático y, más concretamente, un fanático intransigente. El tono concreto de fanatismo queda bien para poder hablar de la escoria de la sociedad compuesta por mujeres ligeras de cascos y niños retrasados, pero no tiene una relevancia especial en el contenido de la trama. Dos veces, prácticamente al principio y prácticamente al final, repite Rorschach que ni siquiera en la cara del Armagedón va a transigir. Cuando los vigilantes enmascarados son ilegalizados y todos se retiran o se dedican a trabajar para el gobierno, Rorschach entrega el cadáver de un violador en serie a una comisaría con un cartel en el que se puede leer nunca. Tras fugarse de una prisión de máxima seguridad en la que todos los presos intentan agredirle o asesinarle por todo lo que ha hecho, llegando al punto de formar un motín solo para poder matarle y poco antes de enfrentarse a quien cree que es el cerebro tras un plan para asesinar vigilantes enmascarados y causar una guerra nuclear y a quien reconoce como física e intelectualmente superior, asegura a su compañero que no se arrepiente de nada de lo que ha hecho. Todo ello lo podría haber hecho una parodia del típico personaje soviético dispuesto a todo por el camarada Stalin y apenas habría que cambiar un par de palabras.
Rorschach tiene el atractivo de la violencia indiscriminada, del hombre que trabaja solo y se enfrenta a un mundo corrupto, por supuesto, siendo una pantomima de un superhéroe era eso o no ser un personaje interesante, pero no es lo único que tiene, porque en Watchmen todos los personajes principales son pantomimas de superhéroes que tienen más o menos los mismos atractivos (si Búho Nocturno, ya sabemos que eres Batman sin las cosas interesantes que tiene Batman). También tiene un atractivo más difícil de cuantificar, que es el de ser el personaje que nos sirve de punto de vista durante más tiempo y, a mayores, tiene del lado de su atractivo el hecho de que, al final, es el único que gana o, más específicamente, el único que tiene razón. En la resolución, Rorschach es el único capaz de conseguir aplicar su solución a sus problemas.

Búho Nocturno abandona la vida de vigilante por una aburrida vida familiar que le gusta tan poco que le causa impotencia; Espectro de Seda 2 consigue alejarse de esa vida también, no habiéndola querido nunca, pero no parece tanto una decisión propia como coger el único camino que le queda abierto; el Comediante se da cuenta poco antes de morir que todo su personaje es una fachada que solo casi ha conseguido mantener hasta el final; el Dr. Manhattan se aleja de la vida humana que ha aprendido a considerar un milagro porque sabe que no puede vivir entre humanos y Ozymandias es incapaz de conseguir que el ser divino azul con la capacidad de ver toda la línea temporal de una vez le calme la conciencia tras haber llevado a cabo un plan completamente absurdo en el que ha matado a millones de personas y que se da a entender que probablemente no funcione porque no ha calculado bien la intransigencia de Rorschach. Rorschach, simplemente, muere.
¿Quiere morir Rorschach? No necesariamente, pero lo que sí que quiere es tener razón y ser fiel a sus ideas hasta el final. Si eso le lleva a la muerte, pues allí es donde irá. Esta idea, de hecho, sale de la propia boca (¿mente? no me acuerdo si lo dice o solo lo piensa) del personaje casi al principio, donde reconoce al Comediante que por lo menos murió siendo un enmascarado y reflexiona sobre que ese es el mejor final al que cualquiera de ellos puede realmente aspirar. Para Rorschach no se es un vigilante enmascarado porque se quiera mejorar la sociedad o porque sea un hobby, se hace, como el mismo dice, porque hay que hacerlo. Si alguien le ofreciese moldear la sociedad exactamente como él quiere a cambio de que simplemente se vaya a su casa y se busque un trabajo normal, le rechazaría.

El otro día oí describir a Alan Moore respecto a Rorschach como un escritor consecuente capaz de desarrollar a sus personajes como se merecen aun cuando ese personaje esté en sus antípodas ideológicas y estoy seguro que la idea de Alan Moore al escribir Watchmen era la de parodiar y “deconstruir” los arquetipos típicos de los cómics de superhéroes, pero al convertir a un personaje como Rorschach en el punto de vista más habitual y permitirle desarrollarse tanto, esas ideas iniciales se lastran con el peso del propio personaje. Rorschach saliendo victorioso no es el argumento de la historia, no es más que una consecuencia inevitable de decidir matar a alguien que has presentado como dispuesto a morir por lo que está haciendo, por mucho que después te dediques a tirar pestes de los imbéciles que creen que ponerse una máscara y dar palizas a inmigrantes van a arreglar algo. Rorschach al final gana, de su propia y retorcida manera, pero gana y ganar tiene más atractivo que no hacerlo.