Hace unas semanas me apareció por redes una discusión que hablaba sobre que la ciencia ficción y la fantasía eran originalmente géneros rebosantes de ideas y propuestas políticas revolucionarias y subversivas pero que, de unos años a esta parte, han abandonado en gran medida esa carga política a cambio de acercarse a una audiencia mayor y poder vender más. El origen de la polémica, si es que se puede llamar así a lo que antes se llamaba simplemente gilipollez, era un artículo hablando de una feria de ciencia ficción y fantasía no sé donde de la que nunca había oído hablar, pero como uno es golismero y tiene que estar informado para luego hablar de ello en su blog de literatura y nada más, pues me puse a mirar el asunto.
Había gente en contra, mucha, porque por lo visto es necesario demostrar que tus hobbies tienen un componente anticapitalista no sea que venga un idiota al que no conoces de nada a hablar mal de ti en su blog que no lee ni dios, hablando de que eso era mentira y que había sagas modernas que mantenían esa carga política que en teoría definía ambos géneros. Entre los muchos que nombraron y que no he leído pero que conozco de refilón y no dan la sensación de ser lo que varias personas se empeñaban en defender, estaba la saga de Carl el Mazmorrero y un comentario en concreto: Carl es literalmente anarquista (o algo así, he perdido el post en el que lo decían, pero el espíritu al menos era ese).

Yo tenía esta saga ya en el punto de mira (y en el ereader) desde hace un tiempo, porque la temática me parecía interesante y porque su tercera parte se llama El Libro de Cocina del Anarquista de la Mazmorra, lo que es una referencia a un texto bastante famoso entre los que nos hicimos anarquistas en la internet que básicamente es una guía para hacer bombas. Con esas dos cosas, decidí ponerme a leer la saga.
Mi sorpresa y enfado vino cuando, al ir avanzando en el primer libro, no veía por ninguna parte una carga política explícita. Será que todavía no llega y es un poco más adelante, supuse, pero seguí avanzando (porque, pese a esta entrada, el libro está bastante entretenido) y siguió sin aparecer explícitamente ninguna política. Será que estoy esperando que me digan algo que solo van a dejarme caer, pensé, y seguí leyendo, pero la verdad es que tampoco. Avancé hasta acabarme el primer libro y ni siquiera había aparecido la palabra anarquismo o ninguno de sus derivados en el texto. ¿Me habré comido otro bulo de internet?, pensé. Empecé el segundo libro de la saga porque el primero, pese a todo, me había gustado y al poco tiempo apareció la palabra. Aquí es, pensé, aquí es donde empieza a hablar de política y de anarquismo. Y no lo era.
Para dar el contexto que falta, Carl es una persona normal que por cosas de la trama acaba atrapado en una mazmorra típica de juego de rol controlada por alienígenas. Hay las típicas cosas que te puede imaginar de algo como Dragones y Mazmorras (juego al que se hacen bastantes referencias) como monstruos a los que matar, habilidades para tu personaje, NPCs, tiendas, más monstruos, jefes de varias dificultades, un anciano que mea en una pared,… lo típico. Y la famosa palabra por la que yo había empezado la saga aparece en este contexto, concretamente en la clase que elige Carl al llegar al tercer nivel de la mazmorra, que es cuando le dejan elegir: anarquista moderado.

Yo, que no solo tengo el cerebro formado en la internet de las últimas dos décadas si no que además tengo un interés especial en lo que es la política (y leo a unos cuantos yanquis) entendí la broma, que en realidad no es más que un cliché, el de que dentro de las manifestaciones por motivos legítimos, los que inician la violencia, queman cosas y se pegan con la policía son infiltrados de las grandes empresas para dar mala imagen a las reclamaciones en su conjunto. Sin entrar en que se sabe que utilizar infiltrados para empezar jaleos es una táctica que usa la policía, la verdad es que ese cliché, así vendido, es una idea que solo puede definirse como de una tibieza socialdemócrata tal que me ha llevado a desempolvar el término tibieza socialdemócrata que llevaba guardado en un cajón los últimos seis o siete años. La utilización de la violencia es una discusión constante en los círculos anarquistas, con tendencias en todas las direcciones, pero ninguna diría que el motivo de que una protesta se vuelva violenta es la presencia de infiltrados que trabajan para la gente contra la que se protesta. Se está más o menos a favor, pero se entiende que es posible que eso ocurra y que hay casos en los que es la única herramienta que queda.
Carl el Mazmorrero (la saga, no el personaje) no da ninguna explicación detallada del asunto, se queda en la referencia, porque Carl el Mazmorrero (el personaje) ha subido sobre todo sus habilidades para manejar y lanzar bombas y supongo que al autor no se le ocurrió ninguna cosa más graciosa que poner ahí. Así que, técnicamente, es cierto, Carl es literalmente un anarquista, pero de ahí a decir que la saga presenta (ni siquiera apoya, ojo) ideas anarquistas hay un salto gigantesco que alguien que tuviera un poco de idea de qué está hablando no haría, porque no hay por donde cogerlo. Las palabras significan cosas, tiene implicaciones más allá de la lectura literal. Argumentar que Carl es un anarquista cuando se está hablando de la carga política de la historia es como decir que los nazis eran socialistas porque lo ponía en el nombre de su partido (que ya sé que hay quien lo defiende, pero es que no va a haber solo idiotas en el mundo de la literatura de ciencia ficción).

Entonces, ¿cuál es la carga política de Carl el Mazmorrero (la saga)? Explícitamente, ninguna, pero eso no significa que no tenga una carga implícita. Al final, toda la cultura es política porque toda la cultura es un producto humano con sesgos e ideas concretas. En mi opinión, en este caso tenemos una saga que se adapta razonablemente bien a la idea que yo tengo de los demócratas estadounidenses, una izquierda suave que denuncia algunos problemas concretos sin pararse a pensar en las causas de esos problemas y que, en algunos casos, defiende cosas que van en contra de lo que se podría considerar lo lógico (que se lo digan a Kamala y el genocidio palestino). Tiene algún momento en el que hace una crítica más o menos política, hablando por ejemplo de que no se qué sistema planetario lo gobierna un partido fascista que se ha cargado la calidad de vida, pero no deja de ser algo muy puntual y muy poco desarrollado (de hecho es una explicación que dan de por qué pasan algunas cosas en la mazmorra, pero prácticamente no sirve para nada más) y algún otro momento en el que parece que va a decir algo un poco más radical, como cuando utiliza a dos personajes que se hacen pasar por policías como enemigos, pero nunca da el paso siguiente a señalar con el dedo un problema. Por comparar, yo diría que esta saga tiene menos carga política que Los Juegos del Hambre, que no es que fuera el Manifiesto Comunista, pero algo más de chicha tenía. A mí me recuerda, lo que más, a los libros de Stephen King en este sentido, porque siempre parece que va a hablar de algo de política pero luego o no lo hace o se mete en jardines absurdos porque en realidad está bastante desubicado.
Para acabar y para ser completamente honesto, tengo que decir que al momento de escribir esta entrada únicamente me he acabado el primer libro y tres cuartas partes del segundo, pero no veo que vaya a haber mucho cambio (o puede que sí, El Libro de Cocina del Anarquista de la Mazmorra es el tercero de la saga e igual me llevo una sorpresa) pero tengo intención de seguir con ella porque, aunque no sea políticamente lo que me esperaba, es una saga entretenida y suficientemente original como para que merezca la pena. Si de aquí a que acabe encuentro algún cambio que justifique nombrar esta saga como saga política, haré otra entrada hablando de ello y la enlazaré al final por si da que eres uno de esos que se tropiezan con una de mis entradas mucho tiempo después de que la haya subido.