No creo que sea ético mentir a quien no opinas que sería ético meter un puñetazo: los factores de corrección éticos y por qué es tan difícil tomar decisiones partiendo desde instrucciones sencillas

En el vacío de la falta de contexto las decisiones éticas son muy sencillas, porque la parte racional de nuestro cerebro es capaz de ahogar razonablemente las intenciones de la parte emocional (seguiré defendiendo que lo que se llama racional es simplemente la calma y la posibilidad de invertir tiempo en tener en cuenta otros ángulos y las consecuencias), pero trasplantar esa decisión calmada al momento de la acción es muy difícil y muchas veces incluso contraproducente, porque es perfectamente posible que haya algo que no hayamos visto cuando simplemente teorizábamos sobre la situación ética en vez de vivirla, incluso más allá de que las emociones subidas cambian las intenciones. Tener unas guías morales, algo de lo que echar mano cuando tengamos que tomar una decisión, puede ayudar, sean las guías morales externas a nosotros o no. El otro día, leyendo un artículo sobre la IA encontré una que me pareció muy interesante, que la autora original escribía como I don’t believe that it is ethical to lie to anyone it wouldn’t be ethical for you to punch, que se traduce como no creo que sea ético mentir a quien no fuera ético [también] dar un puñetazo, que ha inspirado esta entrada y que está en el título.

Las decisiones éticas, para mí, llegan mucho más allá de una cuestión teórica, pero también de cualquier cuestión de legalidad o de deber, porque lo absoluto de ambos casos me parece demasiado restrictivo y no lo suficientemente flexible como para aplicarse en la práctica de una vida. Ronda por ahí la frase que dice que las esclavitud fue legal y que luchar contra ella era ilegal y tampoco voy a decirle al asesino del hacha por mucho que me pregunte educadamente que mi amigo está escondido en el armario solo porque crea que mentir es algo generalmente negativo. Cada situación, incluyendo las situaciones éticas, depende de miles de factores imposibles de predecir o entender y por tanto es maleable y requiere tomar decisiones concretas, decisiones que tiene que tomar un individuo al que le toque vivirla, porque incluso renunciar a tomar decisiones es una decisión. Cuando toca tomar una decisión, el contexto generalmente importa más que lo que es la propia decisión. Si no fuese así, realmente podríamos encontrar algún manual en el que estuvieran listadas todas las decisiones posibles y cuál es la que hay que tomar. ¿Está realmente mal mentir al asesino del hacha para salvar a tu amigo que se esconde en el armario? ¿Está realmente mal usar la violencia para ayudar a liberar a los esclavos? Para el alcance de esta entrada, que algo esté bien o mal no es algo relevante, porque la idea es hablar de cómo poder tomar decisiones, no de si las decisiones que acabamos tomando son realmente las mejores.

Michael Mayers bajo la lluvia
Míralo ahí todo triste… Y ni siquiera le dices dónde está tu amigo escondido pese a que mentir es algo malo…

No creo que sea una barbaridad afirmar, como he hecho implícitamente ya, que el contexto moldea las decisiones que tenemos que tomar y el cómo podemos tomarlas. No es lo mismo mentir a un niño que a un policía, igual que no es lo mismo que mienta un niño que que mienta un policía e igual que no es lo mismo pegarle un puñetazo a un niño que pegárselo a un policía. Cada pequeña parte de la vida que se inmiscuye en la decisión que tenemos que tomar es uno de esos factores de corrección éticos que tan pedantemente he anunciado como tema en el título (soy un pedante cuando se me ocurren temas de los que hablar de madrugada, qué le vamos a hacer) y son los culpables de que sea tan complicado hacer ese trasplante entre la idea que consideramos como la más apropiada y la que finalmente acabamos adoptando. Si imaginamos tomar una decisión como cotidianamente se hace, como una evaluación de los pros en un lado y las contras en el otro de la misma balanza (es algo tan cotidiano que la balanza es el símbolo arquetípico de la justicia), podríamos imaginar los factores de corrección como las pesas que ponemos en uno u otro platillo.

La cosa funciona, en el fondo, más o menos así: ¿Cómo debo actuar en esta situación? Dos piedras al platillo no darle un puñetazo por ser un niño, otra más para que no me pongan una multa (la legalidad es un factor de corrección, es solo que no sirve únicamente por sí misma) y dos al de dársele porque me está tocando los huevos y sería catártico para mí dársele. Esto, multiplicado por las varias posibilidades que haya (mentir, no hacer nada, venderle el niño a una mafia, etc.) y al final tenemos un platillo con más piedras que los demás y que normalmente es el que escogemos. Esa es al menos la teoría. En la práctica, esas decisiones se toman a mucha más velocidad de la que sería suficiente como para compararlas bien y entran en juego otros factores que podríamos considerar como ajenos a la ética como el condicionamiento social, el calor que hace, el agua que hemos bebido en las últimas veinticuatro horas o si el brazo de nuestro camarada de tiene pinta suficientemente sabrosa.

Algunos de los supervivientes del accidente de avión de los Andes
¿Cuánto pesaría en la decisión de esta gente la idea de que no iban a volver a la civilización?

Las decisiones importan, realmente, en el momento en el que se toman. Podemos discutir largo y tendido sobre si las consecuencias de nuestros actos, sean legales, sociales, económicas o lo que sea pesan más o menos, pero lo cierto es que en el momento son solo un factor entre muchos otros, muchas veces completamente inexplicables con palabras e imposibles de entender cuando son otros las que las toman. Supongo que, al final, a donde quiero llegar es a que la subjetividad que toda decisión necesariamente sufre aunque solo sea porque es un individuo con capacidad para tomarla el que lo ha hecho es el motivo por el cuál es tan difícil tomar decisiones. Y a que, en cualquier momento que no sea el momento exacto en el que la decisión se toma, es prácticamente imposible ponerse en situación para pensar en actuar como realmente actuarías. Y a que, aunque a todos nos hagan falta las guías éticas y las usemos a diario, estas no son más que directrices, como decía Barbossa en Piratas del Caribe.

Un médico al que le inyectan una jeringuilla que pone "relativism" y un segundo panel del médico diciendo oh boy this is not good con un pikachu asustado

 

Creative Commons License
Except where otherwise noted, the content by Khë is licensed under a Creative Commons Attribution-NonCommercial-ShareAlike 4.0 International License.