La crisis de la narración es una crisis de la tercera edad

Esta mañana mientras no tenía nada mejor que hacer que ponerme a leer, se me ha ocurrido ponerme con La Crisis de la Narración, de Byung-Chul Han, que tenía en la lista de lectura desde hace relativamente poco. Este es un ensayo corto, de unas 100 páginas en las que Han intenta explica la titular crisis de la narración y sus consecuencias en el mundo actual, publicado en España en 2023 y lo toda la crítica que viene ahora no es más que las ideas que se me iban ocurriendo según lo iba leyendo redactadas de forma ligeramente más estructurada.

El tema central del ensayo es la diferencia que marca Han entre narrativa y storytelling (aunque usa varios sinónimos distintos para ambos). Esencialmente propone la primera como la solución de todos los males de la modernidad y la segunda como una abominación nacida del capitalismo y de la idea primera, capaz de convertir todo aquello que toca en mercancía. Contrapone narrar a simplemente “informar de hechos objetivos”, a la vez que se queja de quienes utilizan las redes sociales para construirse una identidad que les aleje de lo negativo de la vida. Han, o se narra o no se narra, pero ambas a la vez como que no. Su intención, según entiendo yo, es escapar a la hegemonía del storytelling neoliberal mediante la narración de nuestra propia historia y así conseguir construirnos como un ser continuo capaz de ser feliz. Mi primer problema con todo lo que cuenta es que su definición de narración requiere que se oculte deliberadamente información de la historia, porque si no consiste simplemente en informar, no en narrar, así que no sé si propone que practiquemos la amnesia selectiva como ruta hacia la felicidad o que nos dañemos la memoria a largo plazo para poder construirnos una identidad capaz de ser feliz.

Un logo compuesto por un círculo con tres flechas que apuntan hacia dentro envolviendo un segundo círculo con tres truncamientos, envolviendo un tercer círculo más grueso donde se apoyan las puntas de las flechas y que a su vez envuelve un dibujo de un cerebro y médula espinal
La Fundación SCP es un ejemplo de una narrativa creada en internet asimilable a las que Han pone de ejemplo y que según él no se hacen ya (este es el logo de la división de Antimemética)

Mi segundo problema, y el que creo que es el principal, es que dedica muchos esfuerzos a demonizar la tecnología actual, pero lo hace como que esta fuera la causa de los problemas interpersonales y no una consecuencia de un sistema productivo. En un momento dado pone como ejemplo que ya ni a los médicos se les cuentan cosas, porque estos ya no tienen tiempo ni paciencia para escuchar. La paciencia dependerá de cada cuál, pero el tiempo que tienen para escuchar depende de personas con nombres y apellidos que lo establecen en base a unos intereses concretos y que, por lo general, no son el propio médico.

Da la sensación de que Han entiende el mundo mediado por los smartphones como la única realidad de quienes lo usan, como si viviéramos únicamente a través del teléfono. En un momento dado argumenta que lo que lo que conocemos por el teléfono está emocionalmente amortiguado y por ello estamos perdiendo la capacidad de ser sobresaltados, lo cuál solo tiene sentido si piensas que quien tiene un teléfono inteligente vivimos también cuando nos despiden, cuando nos peleamos con un amigo, cuando se muere un familiar o cuando nos detectan cáncer por la pantalla del móvil, como si no viviésemos una vida real. Me recuerda a cuando eras pequeño y pensabas que los profesores vivían en el colegio y no hacían nada más, simplemente porque tu punto de vista al respecto era tan estrecho y tan poco informado que tu imaginación convertía una parte en el todo. Como otro ejemplo, dice que en este mundo mediado por los teléfonos, el arte solo busca sorprender momentáneamente, citando a Jeff Koons como el artista definitivo de esta era, como que Marjane Satrapi o Basel Adra no fueran hijos del mismo mundo celebrados por su habilidad artística a todos los niveles. Y yo creo que el problema fundamental es este, que Han no entiende las formas de relacionarse y construirse que permiten las tecnologías modernas. Entiende que es la narrativa en su conjuto la que está en crisis porque no es capaz de entender que lo digital es solo una parte de la vida de las personas, incluso de las que podríamos decir que son adictas a cosas como Instagram o youtube. Construirnos a través de la narrativa se hace igualmente, porque como él mismo observa, la vida de una persona sigue sin ser un conjunto de instantáneas, es la relación que se construye entre ellas.

Fotograma de Persépolis en el que dos mujeres cubiertas con ropa negra excepto la cara miran con enfado la chaqueta que lleva puesta una niña con velo en la que se lee "Punk is not ded"
Esto es de Persépolis

La idea fundamental que quiere vender es, al final, que la narración requiere de reflexión pausada y el storytelling no, pero en ningún momento plantea que ambas cosas pueden coexistir y mucho menos que han coexistido durante toda la historia. Según él, los niños han perdido parte de la magia de la infancia porque ahora ven vídeos en youtube, que es lo mismo que decían de cuando los niños pudieron acceder masivamente a los libros y cuando pudieron acceder masivamente a no trabajar desde que eran capaces de mantenerse en pie. Decir lo de antes era mejor no es un argumento, es pensamiento mágico.

Utiliza a Momo como un ejemplo de una sanadora del espíritu, que ayuda a los demás simplemente entregando su tiempo para escuchar, como si el mismo acto de escuchar por sí mismo sirviera de algo, ignorando que para que alguien pueda entregar el tiempo para escuchar, también hace falta que alguien utilice su tiempo para narrar. Se podría argumentar, incluso que es más importante ser capaz de expresarse que ser capaz de tener a alguien que te escuche. El propio ejemplo de Momo sirve precisamente porque cuando te pones a hablar de un problema se te ocurren posibles soluciones, incluso aunque nadie te de ninguna.

Esta crisis de la narración no es más que la crisis del modelo narrativo tradicional y una reticencia vetusta a querer ver lo nuevo como legítimo y útil. La cuestión no es realmente que no se narre, la cuestión de que se narra distinto porque los medios y las posibilidades de la narración han cambiado en un mundo en el que el sistema productivo es el que es y busca lo que busca, y la reacción de Han es la equivalente a esos que dicen que las películas estrenadas en Netflix no son cine y que el Animal Crossing no es un videojuego.

Portada del libro Momo
Mejor poner Momo que cualquier otra cosa

Uno de sus argumentos principales al diferencia narración de storytelling es que las narraciones crean cohesión social y transmiten valores y el storytelling no porque no crea comunidad. En este punto narración se refiere ya a narración oral y storytelling a cualquier cosa que se haga por el móvil. En este punto yo tenía que hacer esfuerzos para no gritarle a la pared que tenía delante unas cuantas preguntas: ¿No será que está transmitiendo valores diferentes y que estás confundiendo el medio con el mensaje? ¿De verdad me estás diciendo que no han surgido narrativas que forman comunidad con las herramientas y los modelos que nos da el neoliberalismo? ¿No es el Orgullo, por ejemplo, una narrativa que crea una comunidad supranacional capaz de alcanzar poder político? Según él, estar interconectado no significa haber creado lazos, pero lo que se interpreta en realidad es que esa forma de crear lazos no es para él, que no la entiende.

Casi hacia el final, decide aplicar estas ideas al campo de la filosofía, hablando de cómo los filósofos modernos han abandonado la narración para centrarse en la transmisión de información, convirtiéndo el campo en algo que no tiene más valor que la producción de mercancía teórica. Con este análisis estoy más o menos de acuerdo (no son las palabras que yo hubiera usado y creo que no se refiere a todo el campo, si no a la filosofía “profesional”), pero luego va el cabrón y pone a Platón como ejemplo de filósofo práctico, porque este reconoce que su forma de hacer filosofía es crear una narrativa, empleando mitos e historias que cada cuál puede interpretar de diferente manera. Mi corazón cínico considera elegir ese ejemplo como una afrenta de quien realmente no tiene ningún interés en la filosofía práctica, porque simplemente pensar sobre cosas no es hacer filosofía práctica. Huir de la parte de la vida que no te gusta para dedicarte a pensar sobre ello no es hacer filosofía práctica, es huir con pretensiones intelectuales. Hacer filosofía práctica consiste en aplicar tus postulados cuando te cuesta algo hacerlo y, fundamentalmente, arriesgar todo lo que eres para enfrentarte a lo que no quieres ser. Y para eso hace falta exponerse a aquello que no te gusta e intentar entenderlo como lo que es, no como lo que quieres que sea, para poder denunciarlo.

El veredicto es que lo que hace Han en este ensayo es storytelling filosófico, vendiendo una idea que él mismo no está aplicando. No seré yo quien defienda este sistema ni esta forma de vida, pero no creo que Han esté sobre la pista correcta para arreglar el problema. Su análisis no llega más allá que decir que todo lo que se hace en las redes sociales es exactamente lo mismo y busca el mismo objetivo que la publicidad, y, aunque evidentemente de eso hay mucho, también es posible, y esto lo sé por experiencia propia, utilizar esas herramientas de forma espontánea para crear lazos con otras personas, lo que él llama narrativas. Creo que, como han dicho generaciones de hispanohablantes antes de mí, Han se ha quedado mirando el dedo cuando le han señalado a la luna.

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